Mi madre me decía que, desde que voy al Shambala a escribir, me encontraba mucho mejor. No está equivocada. Algo en mí empezó a cambiar, pude ver todo con otra perspectiva. A veces, necesitas salir fuera de un círculo para comprender lo que ello encierra.
Existen círculos familiares, de amistad, de pareja, de compañer@s de trabajo,... Cada uno de ellos nos aportan experiencias distintas. Con veinticuatro años conocí a Sergio. Durante casi dos años, tuvimos una de esas relaciones de "ni contigo ni sin ti". A nivel sexual una de las mejores. Por mi parte, como siempre, cuantas más dificultades me planteaba más me empeñaba. Hasta que un día desapareció. Me escribió una carta donde me explicaba que necesitaba encontrarse a sí mismo; y en esa búsqueda no quería herirme. Llegamos a convivir unos meses porque yo alquilaba una de las dos habitaciones que tenía mi piso de Legazpi. En uno de esos intervalos en los que nos separábamos, conocí a Tamayín. Pinchaba en el Twain. Jamás pensé que él se sintiese atraído por mí; pero por mediación de un amigo nos puso "en contacto". Una noche, después de acabar en el Twain, fuimos a Madrid a tomar una copa. Estuvimos charlando y bailando. Cuando me dejó en casa, en el coche, me besó. No volvimos a quedar. Le eché de mi lado. Seguí luchando por Sergio. Siempre me arrepentí de no darme la oportunidad de conocerle. De negarme a que pudiera salir bien. Tenía miedo a fracasar. Opté por el fracaso seguro.
Las personas podemos, y debemos, aprender de nuestros errores. No quiero seguir teniendo miedo. De esa forma, quizás llegue un día en que deje que me quieran de verdad.
Besos a tod@s
No hay comentarios:
Publicar un comentario