¡Se le han caído los paletos! Está muy gracioso; sobre todo porque lo único que le preocupa es que puede seguir silbando. Hacer pompas de chicle es otra historia. He tratado de compensar el desastroso fin de semana pasado. Hemos ido al parque; ha salido en bicicleta con su tío, y se ha hecho dieciséis kilómetros; hemos cenado con mis padres para celebrar el cumpleaños de mi madre; hemos salido por la noche; ha ido a casa de su amigo David y ha pasado el domingo por la mañana con su padre.
Es curioso como el ser humano es "animal de costumbres". La vida me ha enseñado como superar el dolor. Asumir que la felicidad no es para mí, ha conseguido mantenerme a flote. Acostumbrada a luchar, a ser herida, no aceptas que nada bueno llegue a tu vida. Y cuando lo hace, y aunque por unos segundos te ilusiones, tu instinto de protección reacciona y te dice - "para, esto no te puede estar pasando". Un mecanismo interno se activa, y comienzo a levantar un muro de miedos, dudas, escusas... Y, antes de darme cuenta, estoy echando de mi vida la posibilidad de ser feliz.
Por "suerte", las malas experiencias me han enseñado que, para aceptar la felicidad, tengo que creer en ella. Y en ello estoy. Las personas que me conocen y me quieren; las que saben de mi vida, me dicen - "tranquila, acepta y disfruta de lo que estas viviendo".
Han tenido que pasar nueve años para poner en práctica lo que siempre he pensado, "el amor es respeto y confianza; el amor es permitir que quieran y te hagan feliz, permitir que te lo demuestren; y, ¿porqué no? creer que existe un hombre así".
Besos a tod@s.
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